Las mejores ideas para regalar
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Víctor Espárrago (Montevideo, 1944) es un histórico de los banquillos de España. El uruguayo entrenó al Valencia durante tres temporadas, desde el año 88 al 91. Con él a los mandos, el Valencia recuperó el lugar que le correspondía. Llegó a Mestalla un año después del regreso del Valencia a Primera división. En sus tres temporadas como míster, el club quedó tercero, segundo y séptimo en Liga. Y disputó dos Copas de la UEFA, siendo eliminados por la Roma en la 89-90 y por el Oporto en la 90-91.

Espárrago recibe con cordialidad a La Taronja Deportiva en su espacioso apartamento en la capital de Uruguay, con vistas a la playa Pocitos, preparado para conversar largamente sobre su paso por el Valencia.

 

Pregunta. Usted llega al Valencia tras colocar al Cádiz en el puesto 12, su mejor posición histórica en Primera. ¿Cómo se produce su llegada a Mestalla?

Respuesta. Se ve que la secretaría técnica, donde estaba Roberto Gil, hacía un seguimiento a los entrenadores. Hicimos una gran campaña con el Cádiz y se ve que me habían hecho un seguimiento y me contrataron. La verdad es que me llamó la atención.

[En la temporada 86-87 dirigía al Recreativo de Huelva en Segunda] y jugamos una liguilla para ascender contra el Valencia. Ahí fue donde creo que se quedaron con la copla. Estaba Alfredo [Di Stéfano] dirigiendo al Valencia. Fue la única vez que se jugó un playoff para ascender. Había dos series y me tocó justo en la del Valencia. Si me hubiese tocado en otra serie hubiera ascendido: el Valencia era el equipo más fuerte de las dos series. Hicimos un buen papel pero el Valencia nos dejó en Segunda y ellos ascendieron. Como tenía que ser porque el Valencia no podía estar en Segunda, pero con los líos que había podía estar en Tercera igual. Ahí fue donde conocí a Alfredo.

Ya estaba Tuzón [Arturo Tuzón, presidente del VCF de 1986 a 1993] porque hicieron las elecciones y ganó. No ganó por mucho pero ganó. La gente no le dio el valor que tuvo Tuzón, esa honestidad, esa seriedad que le dio a la directiva.

Guarda buen recuerdo de Tuzón.

Totalmente. Teníamos una amistad tremenda. Incluso mi señora se hizo amiga de la señora de Tuzón. Nos mirábamos a la cara y nos decíamos las cosas. Era una excelente persona. Aparte de ser presidente y entrenador teníamos una muy buena amistad.

Cuando se produce esa llamada, le dicen que va a entrenar al Valencia y usted acepta ¿qué siente? Porque el Valencia era un gigante dormido pero no dejaba de ser un gigante.

El Cádiz me había hecho una oferta muy buena. El Sevilla también andaba ahí. Me sorprendió un poco [la llamada del VCF]. Fuimos a Valencia con alegría y una gran responsabilidad porque era un grande dormido, no podía estar el Valencia donde estuvo, en Segunda, y con los problemas económicos. Le debía a todo el mundo, no pagaba nada, era un desastre en todos los aspectos.

Al año siguiente no había problema. El Valencia había recuperado toda su credibilidad y había cambiado la imagen totalmente.

Ese primer año llegan jugadores como Ochotorena o Eloy. ¿Cómo eran esos dos jugadores?

Eloy venía del Sporting. Un jugador de selección. Ochotorena era un jugador que había estado en el Madrid. Fueron dos refuerzos importantes y se sumaron a un grupo que trataba de hacerlo lo mejor posible, que hubiera una buena disciplina. El que venía sabía que el Valencia estaba en un plan de revertir la situación negativa en la que estaba los años anteriores. El jugador que venía sabía que había una responsabilidad y que había una seriedad en la directiva, en el cuerpo técnico. El que no pensaba así se excluía él mismo. La gente que venía sabía que tenía que trabajar y dar el do de pecho. Y a jugar cuando le tocara.

Luego vino Lubo [Penev], que era un poquito medio rebelde también. Tuvimos que enderezarle un poquito.

¿Qué tal Penev? Ahora es el entrenador del Valencia Mestalla.

¿Ah sí? Penev venía de un país complicado. A veces hubo que hablarle fuerte y, con algún problemita, se supo adaptar. Vio que el grupo era el que primaba y el grupo rechazaba cualquier injerencia que tuviera que no coincidía con el pensamiento del grupo.

Se definía su estilo de juego como fuerte, aguerrido. No sé si está de acuerdo.

Era un equipo disciplinado. Yo estuve en el Recreativo y en el Cádiz. El Recreativo era un equipo pobre, con poco presupuesto. El Cádiz, igual. Entonces no tenía jugadores de gran categoría. Para contrarrestar eso contra un Madrid, un Barcelona tenía que hacer algo. ¿Qué hacía? Un equipo disciplinadito, bien armadito, humilde, honesto, colaborador. Todo el mundo sabía sus virtudes y sus carencias.

Salvando las distancias, como el Cholo ahora con el Atleti.

Un equipo que sabe que ellos no son los mejores pero que pueden serlo. Y a la calidad que tienen se le agrega esa disciplina y ese trabajo. Que hay veces que es muy difícil inculcar a un pibe de 20 años, a uno de 30 y a uno de 24. Son distintas mentalidades y es difícil poder aunar ese criterio. Y esa es la gran virtud del entrenador: sacarle a cada uno el máximo rendimiento.

¿Qué recuerda del segundo año? Quedaron subcampeones de Liga, llegan a semifinales de Copa…

El segundo año bien. El segundo año hizo récord [de goles] el Madrid, con Toshack. Si el Madrid no hace récord hubiésemos peleado el campeonato, pero quedamos bastante lejos. El Madrid ese año fue impresionante. Fue el año que me designaron mejor entrenador. Con Cruyff en el Barcelona y Toshack en el Madrid. Para mí fue una gran satisfacción. Incluso recibí las felicitaciones del Madrid. El protocolo del Madrid ya sabes cómo es.

Ya por entonces.

Sí, sí. Y después cuando al tercer año no renové con el Valencia me decían “tú te vas a ir al Madrid”. Y yo “no, Arturo [Tuzón], no tengo un contrato con nadie.” Yo creía que ya había terminado mi ciclo y que no podía sacarle más rendimiento al Valencia. Y de repente me equivoqué. Mi vieja veía la ciudad deportiva y me decía “nene, ¿por qué te vas con todo esto acá?”

Víctor Espárrago posa sonriente para La Taronja Deportiva (Foto: Guillem Hidalgo)

La ciudad deportiva la habían inaugurado esos años. Al Valencia le expropiaron los campos pero después hizo una ciudad deportiva modelo. Quedó preciosa, cuando se terminó era de las mejores. Por aquel entonces era un lujo.

La grada de Mestalla se caracteriza por ser muy volcánica. ¿Qué opina de ella?

Es una afición exigente. Y hay veces que quiere exigir más de lo que de pronto puede dar el equipo. A veces se sienten en la obligación de exigirle al equipo quizás más de lo que puede dar.

¿Presiona eso mucho al equipo? ¿Se nota esa presión?

Sí, sí, se nota. Incluso a los directivos. Cuando sacan las pañoletas los directivos dicen “bueno, vamos a echar al entrenador antes de que nos echen a nosotros”. Es una grada muy exigente. Ojo, con la grada no tuve problema ninguno tampoco. Es una grada que cuando las cosas no van bien hacen sentir su malestar. Por otro lado es bueno para que no se duerma en los laureles la gente.

También es una grada de las más fieles. Cuando bajó a Segunda creció el número de abonados.

Sí, sí. Ya le digo, la gente es exigente pero es su manera de ser. Pero eso es bueno también para que ni el futbolista ni los directivos se duerman en los laureles.

Dejó buena sensación usted en la grada, un buen sabor de boca.

Sí, fueron tres años muy buenos, me fui bien con todos… No renové porque creía que ya había cumplido y que no podía sacarle más rendimiento al equipo. Hay momentos en que al circo hay que cambiarle los payasos. Después de irme del Valencia seguí en contacto con Arturo, con todos. Ahora con Roberto Gil en fin de año nos mandamos ‘wasaps’… Yo si en algún momento he podido tener algún problema es por mi gran seriedad, no soy tampoco de muchas palabras, no me gusta ni cuando gano ni cuando pierdo. No soy una persona que dé titulares y hay veces que a la prensa no le sirve eso.

¿Quiénes eran los jugadores que llevaban la voz cantante, los líderes?

Estaban Subirats, Fernando…

¿Arias también?

Arias ¡qué jugador! Debe ser de los mejores centrales que yo he visto. Una velocidad, le pegaba con las dos piernas, cabeceaba… Era muy de él, a los árbitros les decía “¡para chulo yo!” Y a veces le echaban [ríe]. Yo luchaba con eso y él me decía “míster, son unos hijos de puta”. Él no podía con el genio.

Tenía un cuerpo privilegiado, era delgadito, fibroso… Impresionante. Bueno, fue citado a la selección y llegó tarde el primer día y le tiraron para fuera. Un fenómeno. Si Arias hubiera tenido la cabecita bien amueblada hubiese sido… En esa generación estaban Giner, Quique, Arroyo…

Le quiero preguntar por Voro, que nos ha sacado las castañas del fuego estos años.

Voro hacía la dupla con Arias. Era un jugador limitado pero sabía sus limitaciones y sus virtudes. Hacía lo justito así que bien.

¿Cómo era Fernando?

Fernando era un jugador tremendo, con una personalidad… Un jugador fino, que cabeceaba bien, técnicamente muy bueno, tenía gol, pase. Era uno de los grandes del Valencia.

No sé si está muy al tanto del Valencia hoy en día. Le quiero preguntar por Marcelino y por la propiedad, por Peter Lim.

Estoy un poco lejos ya. No me quise meter en mucho. Cuando veo que se va, que viene, que viene la hija… Es un desastre. El fútbol no es mañana. Si usted quiere hacer y trabajar bien un club tiene que marcarse unas etapas. Hacen las cosas al grito, no hay una planificación.

En el Valencia, con las posibilidades que tiene, no se ha manejado bien el aspecto deportivo. Porque no es el aspecto económico. Si usted no tiene unos asesores deportivos no tiene nada que hacer por mucho dinero que ponga. El Valencia tiene todo el potencial para estar arriba: ciudad deportiva, estadio, es la tercera ciudad de España… Con todo lo que tiene, con la gente ¡es que el Valencia tiene que estar jugando en Europa todos los años! Y eso trae inversiones.

Si el propietario es inteligente dice “yo de fútbol no sé nada”. Entonces se trae dos o tres asesores que le guíen y si en dos años el proyecto no anda, fuera y se traen otros. Pero hay que darle un plazo para empezar a trabajar.

Víctor Espárrago posa con la camiseta del Valencia en su casa de Montevideo. (Foto: Guillem Hidalgo)

No se hace de la noche a la mañana. Hay que trabajar en divisiones formativas, tener una base sólida, una idiosincrasia, una mentalidad para sacar jugadores de la cantera. Eso es importantísimo. ¡El Valencia tiene todo [para hacerlo]! Nosotros acá [en Uruguay] no tenemos nada y saca gente Defensor, Danubio… El Valencia, con la ciudad deportiva que tiene, puede tener 80-100 gurises jugando…

Ahora parece que están saliendo buenos jugadores de la cantera pero porque los están sacando, están confiando en ellos. A veces es el problema, que tienes a los jugadores y no los sacas.

Es como el Madrid. El Madrid tiene la cantera pero hay veces que un jugador no tiene el nivel para llegar al primer equipo. Pero ese jugador lo vendes tú en un dinero grande. La inversión que tú hiciste la vas a sacar.

¿Qué opina de Marcelino?

Marcelino, cuando yo estaba en el Valencia, estaba jugando en el Levante. Vivíamos en el mismo bloque. Ha hecho buena campaña donde ha estado.

¿Cree que es un fútbol parecido el suyo y el de Marcelino?

Cada uno tiene su metodología y trabaja de acuerdo a lo que ha vivido. Hay que saber trabajar tanto en equipos pequeños como en grandes. A veces en grandes es más difícil trabajar porque están las figuras y todos quieren jugar.

Creo que él donde ha estado ha tenido resultados positivos. Aparte, es un entrenador joven. Yo sinceramente siempre fui un entrenador que nunca me tildaron ni de atacante ni defensivo. Fue una cosa muy homogénea. Si tienes buen material se puede hacer un chalet y si no, un ranchito chiquito.

¿Volverá pronto por Valencia?

Tuve un problema con mi señora, que se fracturó el fémur. Estuvo un año que no podía caminar y cinco meses sin poder valerse por sí misma. También me pasó con mi madre.

De hecho, cuando mi madre estaba enferma, cuando cesaron a Pellegrino me llama Bossio [Miguel Bossio, exjugador y exmiembro de la secretaría técnica del VCF] y me dice: “Víctor, hay un problema acá, la plantilla se está llevando por delante a este muchacho, no tiene experiencia y el presidente me dice que busque a un entrenador. Yo le di dos nombres: Luis Aragonés y a vos. Y el presidente me dijo que no, que Aragonés estaba loco.”

Y yo: “mira, yo tengo a mamá enferma pero en 10-15 días pienso que…” Y me dijo: “Víctor, es para ayer, están sacando pañuelos y le quieren dar salida ya.”

Yo le dije si podía poner a mi acompañante, Luis Soler, para ir primero, que era algo que ya había hecho con el Cádiz porque no podía ir inmediatamente. Y como eso me dio resultado lo propuse, pero Bossio me dijo que tenía que venir una figura porque estaban puteando al presidente. Y le dije que lamentablemente no podía ir inmediatamente.

El Valencia trajo gente con poca experiencia porque cuando llegó Pellegrino él estaba de ayudante de Benítez pero una cosa es ser ayudante y otra es ser el primer entrenador.

Ahora con el Alavés le fue bien.

Sí, sí pero ya tiene una experiencia, dirigió en Argentina… Se encontró con Banega y compañía y le hicieron la vida imposible.

O sea que le ofrecieron el puesto.

Sí, sí, el presidente, Manuel Llorente, dijo que Aragonés estaba loco y cuando le dijeron mi nombre dijo que bueno. Porque se necesitaba una persona que cambiase, que pusiese un poco de disciplina porque Banega y compañía habían agarrado el vestuario por cuenta de ellos. Entonces no pude ir. También hace dos años me ofrecieron para ir al Hércules pero no. Ahora se me hace difícil viajar.

¿Entonces lo de entrenar ya lo da por terminado?

Sí, sí. También me llamó Nacional antes de las elecciones hace dos años. Vino el presidente que está ahora, José Luis Rodríguez, y me dijo que si ganaban las elecciones me ofrecían lo que quisiera: entrenar, director deportivo… Pero en este momento estoy dedicado 24 horas a mi mujer. Imposible. Tengo las puertas abiertas cuando quiera en Nacional y uno con toda la experiencia que tiene le gustaría volcarla pero hay prioridades. Ella ha sufrido mucho, me ha seguido a todos lados sin problema… Somos uno.

¿Algún mensaje que quiera mandar desde aquí a la afición del Valencia?

Es una afición exigente pero que siga así porque siendo así nadie se va a dormir en los laureles. Es una afición que quiere lo mejor para el Valencia, que quiere ver al Valencia donde tiene que estar. Como ciudad es la tercera entonces como equipo tendría que ser el tercero. Dejé grandes amigos en Valencia y si hoy tengo un bienestar también se lo debo al Valencia. Un saludo grande a toda la afición y aunque parezca mentira los extraño y los aprecio mucho.

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