Foto: Lázaro de la Peña

     No hace tantos años, si hacías referencia a la tradición futbolera en España, de bien seguro que a la mayoría nos venía a la mente la palabra ´Domingo´. Ese domingo se resumía cosquilleo que te acompañaba durante todas tus labores diarias, que solían reducirse a la típica reunión empleada como excusa para celebrar una contundente comida, la consiguiente previa en los aledaños del estadio que permitía empezar a palpar el ambiente y, como colofón, los 90 minutos de exhibición sobre el tapete. Bien es cierto que en los últimos años esta práctica ha ido reduciendo su arraigo (lo que muchos acuñan bajo el término ´consecuencias del fútbol moderno´), pero lo que ayer se vivió en Mestalla es lo más parecido al retorno a esas costumbres.

Se respiraba un aura especial de fútbol en Mestalla, ese aura que ejerce como preludio de las grandes noches que quedan guardadas en la retina y que venía cultivándose días atrás. El bando blanquinegro se había tomado la cita con la firme convicción de lo necesario que sería actuar con precisión suiza, consciente del impacto que podía tener para la Liga Santander una victoria local. Por ello, la CN10 y el Valencia CF habían incentivado la participación de la hinchada valencianista con la organización de un recibimiento que pretendía ser apoteósico. Y así fue. Reforzada su incidencia por la sorprendente inexistencia de barreras policiales, el efecto estético de la movilización fue de una belleza incalculable y así lo reconocieron tras el partido los jugadores. En el bando contrincante el FC Barcelona, que contaba con el ´hándicap´ de disputar Liga de Campeones, también puso de su parte para incrementar la relevancia del encuentro. Inició la semana presentando un recurso para conseguir la retirada de la tarjeta amarilla que vio Gerard Piqué en Leganés, pero no fue aceptado a trámite y finalmente no pudo viajar a Valencia. Por si esta actuación no fue suficientemente indicativa de la importancia que la entidad azulgrana le daba a su visita al feudo valencianista, fue el pasado miércoles en Turín, con la suplencia de Lionel Messi y Jordi Alba, cuando Ernesto Valverde evidenció definitivamente el respeto que le generaba el choque ante su más inmediato perseguidor.

Y la cita no defraudó. Tuvo todos los ingredientes necesarios para un encuentro de este calibre: polémica (no descubriremos la pólvora al reconocer que el gol de Messi fue totalmente legal, pero refuerza aún más, si cabe, la necesidad de aplicar la tecnología en el ámbito futbolístico), goles, un dominio equilibrado… Los azulgranas fortalecieron su condición de equipo más solvente, consiguiendo arañar un punto de Mestalla en una hazaña que se antojaba enormemente difícil con el paso de los minutos y conservando la distancia de 4 puntos sobre el 2º clasificado. A su vez el Valencia CF, que veía oscuro el horizonte tras una pobre primera mitad de la que tuvo que marcharse perdiendo, ofreció una lección maestra de ´desobediencia´ anulando la superioridad blaugrana y controlando un segundo tiempo en el que llegó a dominar el marcador gran parte de los 45 minutos y en el que pudo lograr la victoria definitiva en los instantes finales.

Sin embargo, y sin querer desmerecer al excelente espectáculo futbolístico que ofrecieron ambos conjuntos desempolvando sus mejores armas bajo la fría noche de Valencia, el momento más destacado (y más emotivo) de la noche lo protagonizó Rodrigo Moreno tras anotar el gol que colocaba el 1-0 en el electrónico. El hispano-brasileño, dejándose llevar por la lógica euforia del momento, se dirigió a la grada para fundirse en un abrazo con algunos seguidores valencianistas. A su vuelta al césped lo hizo con un objeto inusual sobre su cabeza: una peluca naranja. Muchos no entenderían ese detalle, pero aquellos que llevan el valencianismo en sus venas seguro que se vieron embaucados por la emoción.

La peluca de Rodrigo Moreno no fue un simple homenaje, fue un gesto de verdadero capitán, de esos que entienden lo que es el sentimiento, y la prueba de que el espíritu de Jaume Ortí va a estar por siempre en Mestalla procurando por su equipo e ilusionado por las muchas noches que están por llegar.

Gràcies per tot, Jaume, mai t´oblidarem.

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