Han llegado a tiempo. Menos mal. En una temporada tan especial el Valencia CF no podía permitirse tener fantasmas en la secretaría técnica o comentaristas en el banquillo de un club, ya lo podemos decir, casi centenario. Han llegado a tiempo Mateu Alemany y Marcelino. Bueno, y Longoria, si también lo metemos en ese saco. Han llegado a tiempo o los han traído a tiempo. Quiero pensar que ha sido la segunda.

Blanco y negro. O mejor, al contrario. Negro y blanco. Así ha sido la contrastada evolución de la temporada 16/17 a la 17/18. De verlo todo negro a vislumbrarlo todo brillante y atractivo. ¿Las diferencias? Un presidente competente, un director general que sabe lo que tiene entre manos y un entrenador con cabeza. Casi nada. Juntar estas tres piezas en un club de fútbol nunca es fácil, pero el Valencia CF lo ha conseguido precisamente en un momento histórico donde el valencianismo no hubiera concebido otra cosa.

Un presidente competente, un director general que sabe lo que tiene entre manos y un entrenador con cabeza

Empezando por el cambio en la presidencia. Lay Hoon se percató, o le ayudaron a ello, de que no sabía la institución que estaba presidiendo ni cómo sacarla adelante. Con Murthy la cosa cambió desde el primer momento. Solo hay que ver su interés en aprender rápidamente el castellano. Mucho más ágil que algunos jugadores que se dejaron caer por aquí durante años y que salieron sabiendo pronunciar únicamente tres palabras. Luego llegó Mateu. Y con él un cargo que a priori existía, porque en toda empresa debe de existir, pero que no tenía tanta repercusión a nivel mediático. El de director general. El mallorquín empezó a mandar. A ordenar y a mandar. Justo lo que faltaba en el Valencia CF. Y a continuación llegó Marcelino, que después de un año de parón cogió él y su cuerpo técnico el equipo con unas ganas tremendas.

Los protagonistas que edifican este nuevo Valencia. (De izq. a der.: Ismael Fernández, Kim Koh, Rubén Uría, Anil Murthy, Marcelino García, Mateu Alemany y Pablo Longoria).

Esas son las tres piezas fundamentales de este nuevo Valencia. Las que han vuelto a elevar al club a donde se merece estar, que no es a la cuarta plaza de la tabla solamente, sino a recuperar ese prestigio perdido tras dos temporadas infames. Por eso digo que menos mal que han llegado a tiempo. No me quiero imaginar que la temporada del centenario hubiera sido la 15/16 o la 16/17. Sí, esas en las que el Valencia quedó decimosegundo en la clasificación liguera y en las que los jugadores se iban arrastrando en cada partido por los campos de España.

Todo ha dado un vuelco y ahora el valencianismo respira ilusión por volver a ver a su equipo compitiendo con los mejores clubes de Europa, por volver a escuchar el himno de la Champions retumbar en Mestalla y por lucir camiseta de club centenario. Qué orgullo.
Con respecto a esta temporada, las cosas se están haciendo bien. Hay una continuidad en el buen hacer. Eso es lo realmente destacable. Los fichajes de Kondogbia, Wass, Racic, Diakhaby, Piccini y parece Gameiro, despiertan ilusión en el valencianismo. Aunque más ilusión despertaría fichar a Guedes. Y Lim lo sabe y por eso lo acabará trayendo como si fuera un regalo de los Reyes Magos. Lo presiento. En lo social, el acto de apertura del Centenario, en el que tuve la suerte de presenciar en directo, hizo presagiar la nostálgica temporada que se le viene por delante al valencianismo. Habrá muchos más actos y eventos en este curso tan especial.

Cuando las cosas se hacen mal, se dice. Y cuando se hacen bien, también. En esta ocasión es por la segunda, y ojalá que perduré en un largo periodo de tiempo. Han llegado a tiempo para cumplir los 100. Todos juntos. Haciendo bien las cosas. Celebrémoslo. El Valencia CF es centenario.

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