Foto: Lázaro de la Peña

     Sería muy aventurado especular con destronar a los dos gigantes ligueros que ejercen su poderío al más puro estilo Gilgamesh y Enkidu, pero lo cierto es que el fulgurante arranque de este Valencia CF tampoco ayuda a evadirse de esas ilusiones embriagadoras. La masa crítica de Mestalla y un largo abanico de analistas reputados eran conscientes de lo importante que era ofrecer el banquillo de Mestalla a un técnico con credenciales para restablecer y reubicar todos los cimientos desplomados, pero tras la consecución de 9 jornadas es una absoluta certidumbre afirmar que las prestaciones mostradas por Marcelino García Toral han desbordado hasta las predicciones más optimistas.

Como aquel que se levanta de la cama un domingo al uso y transcurre el día sin despojarse del pijama, el conjunto valencianista desmembró con un 4-0 totalmente merecido a un Sevilla FC que, si bien no llegaba en su mejor momento y se encontraba inmerso en un mar de dudas sobre la figura de Eduardo Berizzo, no dejaba de ser un rival directo por los puestos europeos que siempre da la cara en este tipo de partidos en los que la intensidad emerge como un factor diferencial en las acciones decisivas. Pero, contra todo pronóstico, no fue este el guión de este encuentro vespertino.

No mostró apenas peligro el conjunto sevillista, que aglutina jugadores de un talento y capacidades irrefutables pero que, sin embargo, parecen añorar un patrón de juego en el que creer. Justo enfrente se enfrentaron a la antítesis de su propio contexto: un Valencia CF que sabe a lo que juega, con unas transiciones ofensivas y un equilibrio que hacen recordar a ese equipo bronco y copero, que se sacrificar por un entrenador que ha conseguido enchufar hasta a aquellos que parecían ser irrecuperables y que ve como su afición confía y anima sin cesar, llevándoles en volandas especialmente en aquellos momentos que más lo necesitan. ¿Y el resultado de todo este jugo? Pues mantenerse una semana más en la 2a posición con un parcial de 21 puntos sobre 27 posibles, pisándole los talones a un FC Barcelona que también ha arrancado el curso liguero con unas sensaciones esplendorosas.

Es la figura de Gonçalo Guedes la que más se ha hecho de notar en los últimos dos encuentros, un súperclase portugués que ha pasado en tan sólo dos meses de ser un descarte del Paris Sant Germain a ídolo de Mestalla gracias a unos números (3 goles y 5 asistencias en 7 partidos) que constatan el ser poseedor de un talento de esos que hacen rentable pagar una entrada solamente por asistir a su puesta escena. No obstante, sería un error individualizar en el buen hacer del conjunto de la capital del Túria.

La receta secreta de esta pócima futbolística reside en el colectivo, en la sublime capacidad del cuerpo técnico para lograr que todos los integrantes del plantel, independientemente de la prolongación temporal de sus apariciones, estén dispuestos a darlo todo por sus compañeros. Solidaridad, progreso y esfuerzo, las 3 máximas grabadas a fuego en el aura que impregna el vestuario valencianista y que, de momento, han adquirido una mayor notoriedad gracias a la fiel compañía de esos resultados que facilitan enormemente el desarrollo de los idearios trazados.

Afirmé tras el partido ante el Athletic Club que el murciélago había sobrevolado las adversidades y volvía para quedarse. Varias semanas más tarde escribo con la convicción de la imperiosa necesidad de no cortale las alas, para que vuele libre sin barreras ni coacciones en busca de esos grandes logros que parecen querer reconciliarse con Mestalla.

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