El jueves el Valencia tiene su primera final en casi cuatro temporadas. Aquel fatídico 1 de mayo de 2014 el conjunto de Mestalla derrotaba 3-1 al Sevilla y quedaba eliminado en las semifinales de la Europa League por el valor doble de los goles.

Desde entonces, el Valencia nunca ha estado ni medianamente cerca de aspirar a una final de cualquier competición. En febrero de 2016 tuvimos unas semifinales de Copa contra el rival del jueves, el Barça, pero el deshonroso 7-0 que nos infligieron en la ida en el Camp Nou anuló cualquier tipo de ilusión. Ya estaba por aquel entonces el recordado Gary Neville en el banquillo ché.

Los últimos tiempos han sido duros para los valencianistas. Todos, excepto los chavales de 9 años para abajo, hemos visto a nuestro equipo alzar un título. Es nuestro drama: cada década conseguimos ganar algo pero no le damos continuidad con los años, lo que nos deja siempre una sensación de coitus interruptus.

El jueves tenemos la ocasión de que esos jóvenes murciélagos vean por primera vez que la grandeza de su equipo no se sostiene solo por las historias de sus padres, sino por la irrefutable certeza de los hechos.

El jueves tenemos la ocasión de derrotar al mejor equipo español de la temporada y plantarnos en nuestra primera final en diez años. El jueves tenemos la ocasión de quitarnos la espina de los sinsabores de la última década, personificados en la pérdida de nuestras estrellas, las deudas y muchas eliminaciones en semifinales y cuartos de final.

El jueves, con Mestalla a reventar, tenemos la ocasión de demostrarle al fútbol que somos el Valencia y que volvemos a sembrar el pánico en cada campo que pisamos.

#exprimelavida

@guillem_hidalgo

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