Foto: Lázaro de la Peña

      Semana de parón liguero, el curso del Valencia CF enderezado a una velocidad vertiginosa gracias, en gran parte, a la labor del binomio Mateu-Marcelino y un optimismo que se ha instalado en los estamentos de una afición que ve el horizonte con una ambición impensable unos meses atrás. Sin embargo, cual atributo genético del que no es posible desprenderse por mucho empeño que se destine, en Valencia siempre surgen expertos en agitar las aguas cuando están dotadas de una inusual calma por estos lares. Transcurría la mañana del miércoles 8 de noviembre cuando,´ex nihilo´, el propio club publicaba un editorial (no sabemos aún con qué finalidad) en el que se acuñaban expresiones de polémico calibre, como “falsos aficionados” o, escarbando aún más en la herida, que “el sentimiento no salvó al club, sino el dinero contante y sonante”.

No vamos a ser tendenciosos, pues tampoco es una osadía afirmar que el Valencia CF se encontraba en una situación extremadamente delicada cuando la figura de Peter Lim emergió en el horizonte, con una complicada disyuntiva que les obligaba a decidir entre un concurso de acreedores mortal para la entidad o un proceso de venta que les llevaba a desprenderse de gran parte de su sentido de pertenencia. Finalmente, con Amadeo Salvo al frente, se optó por la segunda, la opción menos dolorosa, y aunque la intervención de Meriton fue vital para conseguir reanimar a un enfermo que se encontraba en la UCI, parece que han olvidado muy facilmente quiénes fueron los que impulsaron su candidatura en los momentos más peliagudos de un proceso que generó un alto desgaste en la hinchada valencianista. Movilizaciones con el objetivo de evitar la intervención de fondos buitres como Cerberus, denunciando el papel de una entidad financiera como Bankia que buscaba satisfacer sus propias necesidades y aclamando a un Peter Lim que se había eregido como la propuesta más convincente para sanear al club y volver a situarlo en la cúspide del fútbol nacional y europeo.

Por lo tanto, tales palabras constituyeron una auténtica falta de respeto para una afición que empujó al equipo en los momentos más delicados, más allá de unas críticas totalmente justificadas a un equipo que durante los últimos dos años nunca llegó a dar la talla que requiere un club con la magnitud histórica del Valencia CF, y que tampoco han experimentando ni un atisbo de rectificación por parte del club pues el viernes, durante la Junta General de Accionistas, el actual presidente, Anil Murthy, pronunció un discurso que trazaba unas líneas enormemente similares a las dibujadas en el editorial anteriormente mencionado. Con esto no quiero decir que ciertas escenas como silbidos a jugadores que acaban de entrar al campo o indignaciones a destiempo sean reprobables, al contrario, son totalmente injustificables, pero aprovechar un excelso arranque del equipo para propinarse golpes en el pecho y afirmar, a viva voz, que la concepción de que la disciplina valencianista debe estar entre los 4 primeros clasificados y que solamente lo consiguió en el 50 % de las ocasiones me parece, sin duda, una cacicada dialéctica y una falacia sin ningún fundamento. Es más, si se indaga un poco en las estadísticas que conforman la clasificación histórica podremos comprobar cómo, atendiendo a esos porcentajes a los que aludía el señor Anil, el Valencia CF es el tercer equipo de la Primera División que más veces había conseguido clasificar entre los 4 primeros puestos. Riesgos de atestiguar sin constatar.

En definitiva, señores de Meriton, nadie les va a negar ni dejar de agradecer su activa participación en el rescate de un club que estaba ahogado por las deudas de esos “falsos” dirigentes, empleando ese término que tanto les gusta acuñar, que sumieron a la entidad en unos lares que apenas permitían margen de maniobra. Sin embargo, aprovechar una buena dinámica del equipo tras dos cursos de penurias deportivas e incertidumbre social, con una gestión más propia de una asociación recientemente emergida que de una institución con casi 100 años de historia considero que se trata de un despropósito de dimensiones mayúsculas.

Y es que esa gente que tanto les incomoda que se muestra crítica y escéptica ha sostenido las bases del club generación tras generación en las glorias pero también en las decepciones, transmitiendo esa pasión y dedicación de padres a hijos, de abuelos a nietos con el fervor descontrolado que provocaba acudir a Mestalla cada dos domingos… Por ello, permítanme que les recuerde desde el más absoluto respeto y la cordialidad: puede que el sentimiento no salvase al club, pero no les quepa ninguna duda que ese sentimiento ES el Valencia CF.

 

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