Fotos de: CARLA CORTÉS en Plaza Deportiva (@noaasoka)

Cualquiera que viese el abultado 1-4 sin haber visionado 10 minutos del partido se atrevería a dilucidar que lo de ayer fue, sin duda, un auténtico recital de los madridistas sobre un superado Valencia CF. Pero nada más allá de la realidad. Lo único cierto y constatable con pruebas y argumentos visuales es que el conjunto valencianista fue superior al Real Madrid durante 75 minutos de partido, esto es, hasta que el físico resistió y permitió a los de Marcelino García Toral estar inmersos en la batalla. La dura eliminatoria de vuelta de Copa del Rey disputada en Mendizorroza, donde estuvieron a muy poco de quedar eliminados y tuvieron que llegar a los penaltis (prórroga incluida) para poder sellar su pase a semifinales hizo seria mella en los atributos de los ´guerreros´ valencianistas.

No obstante, tampoco podemos olvidar que en Mestalla se presentaba todo un Real Madrid que, a pesar no de pasar por su mejor momento, no deja de ser uno de los mejores clubes del mundo en cuanto a palmarés y capacidad adquisitiva se refiere. Por si esto fuese poco, cierto es que se antoja bastante complicado el poder revertir un partido cuando te señalan dos penaltis en contra en el primer tiempo (el primero no acepta discusiones, pero el segundo fue, cuanto menos, riguroso) y la impotencia se apodera de los impulsos de los futbolistas. Sin embargo el segundo tiempo, con la entrada de un Carlos Soler que estaba de vuelta tras un largo período de inactividad por un Gonçalo Guedes que tuvo que abandonar por molestias musculares, cayó como un bálsamo para las aspiraciones de los ´chés´, que empataron con un excelso cabezazo de Santi Mina y, si no fuese con un espectacular Keylor Navas que, de forma incomprensible, es cuestionado temporada tras temporada, los locales hubiesen logrado igualar la contienda con unos tramos de juego que recordaron al mejor Valencia CF de la temporada.

Pero no, las redes que acabó traspasando el esférico dos veces fueron las contrarias y el Real Madrid, que con muy poco y nada pero jugando a placer los últimos minutos ante la rendición de las fuerzas de sus rivales, logró marcharse de Mestalla con 3 puntos y 4 goles mostrando una efectividad pocas veces vista en esta temporada tan pobre. No obstante Mestalla, consciente de la complejidad de la eliminatoria contra el FC Barcelona y que les puede permitir ponerse en una final 10 años después, reconoció el esfuerzo de los suyos y despidió a sus jugadores con una sonora ovación con aroma a apoyo y complicidad para afrontar el calendario no apto para cobardes que espera estas dos próximas semanas.

Nadie que fuese consciente de donde viene el equipo los dos últimos años puede discutir la gran temporada que está realizando el equipo de Marcelino, apalancados en la 3ª posición de la Liga Santander y en semifinales de la Copa del Rey, pero también es verdad que, a medida que la competición transcurre más en la esfera cronológica, los rivales son capaces de convertir tus carencias en propias ventajas competitivas. La banda de Martín Montoya, que ha pasado de dar un buen nivel el año pasado a encadenar calamidades defensivas en cada partido, se ha transformado en una ´Vía Apia´ para los rivales que percuten ataque sí y, ataque también, todos los encuentros. Y no vamos a decir que Marcelino no habrá detectado esto cuando ha llegado a recurrir a Rubén Vezo para actuar en esa posición, demostrando una menor aportación ofensiva pero sí más solidez defensiva que es, precisamente, de lo que requiere el equipo para poder salir vivos el jueves del Camp Nou y afrontar el partido de vuelta en Mestalla con un resultado que les permita afrontarlo como si fuese un partido único y, así, tener opciones de plantarse en la tan ansiada final que los valencianistas esperan con nostalgia e ilusión a partes iguales.

Nadie dijo que fuese a ser fácil y, a decir verdad, todos ansiábamos volver a competir por estas cotas y no por evitar el decenso con el agua al cuello. Esperan dos semanas de infarto, así que preparen los desfibriladores y abróchense los cinturones, porque vienen curvas y la primera parada para repostar es en la ciudad Condal.

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