Foto: Carla Cortés

Ingrato recuerdo tienen los valencianistas de la Navidad de 2016, donde la gestión del club se había convertido en un espéctaculo dantesco del que no se podía esperar mayor regalo que una buena dosis de carbón. El Valencia CF marchaba de vacaciones en el puesto nº 17 y empatado a puntos con el primer equipo que marcaba el abismo del descenso, Cesare Prandelli abandonaba la nave poco después de haber entonado el famoso ´Fuori´ que tan mal encajó el vestuario y Suso García Pitarch, director deportivo del club, acabaría también por marcharse pocos días después de iniciarse el mercado invernal y con el club inmerso en un necesario proceso de incorporación de futbolistas que consiguiesen dotar al equipo de un mayor nivel para conseguir el surrealista objetivo de salvar la categoría. Finalmente Alesanco asumió el relevo de Pitarch, generando (otra) polémica por las constantes desaveniencias que había protagonizado en la escuela de club, y acabó por incorporar a un Simone Zaza procedente de la Juventus tras su decepcionante aventura inglesa y un Fabián Orellana que se encontraba apartado de la dinámica del RC Celta. El primero acabaría convirtiéndose en uno de los jugadores más apreciados por la hinchada valencianista pero el segundo, que nunca llegó a encajar en el engranaje del equipo, acabó poniendo rumbo a Eibar en forma de cesión hace apenas unas semanas.

En la dirección técnica del equipo sería Voro, el ´Salvador´ habitual en situaciones de incendio, el que se haría cargo del equipo durante la segunda mitad de la temporada para terminar logrando el objetivo con cierta holgura, que de forma increíble se había convertido en el principal deseo de los valencianistas durante las últimas fechas navideñas. Y es que, como diría el barcelonista Gerard Piqué, con Voro empezó todo. Al término del curso liguero y ya con el anuncio oficial de la contratación de Marcelino García Toral como técnico para la próxima temporada, el de l´Alcúdia le facilitó el famoso ´informe´ en el que ofrecía informaciones de los entresijos del vestuario y ciertas recomendaciones sobre el rumbo a seguir en la limpieza que se llevaría a cabo en el mercado estival.

Otro detalle que no pasaremos por alto, por la incidencia que ha tenido (y tiene) en el devenir de la entidad, es la llegada de Mateu Alemany como Director General a finales de marzo. El ex presidente del Mallorca y reputado gestor llegaba a Valencia con la intención de llevar a cabo una regeneración en la estructura económica y en el plan organizativo del club y, una vez observados los resultados de su contratación, podemos afirmar que fue un rotundo éxito. Los aspectos más destacados del verano: limpieza radical del vestuario, malabares económicos en forma de fichajes y cesiones para conformar una plantilla competitiva y, finalmente, la implantación de unos automatismos técnicos en la plantilla que han derivado en una primera mitad de curso realmente notable.

Hoy, a 29 de diciembre de 2017, el Valencia CF regresa a los entrenamientos como tercer clasificado de la Liga Santander, a tan solo dos puntos del segundo clasificado y con las miras puestas en una eliminatoria copera contra la UD Las Palmas. La conjunción entre equipo y afición es inmejorable, ciertos jugadores que parecían defenestrados en junio como Dani Parejo o Rodrigo Moreno son algunos de los principales ídolos y la doble M, Marcelino-Mateu, hace las delicias de una afición que, este año sí, podrá permitirse el lujo de saborear las uvas con paz y harmonía. Ciertos detractores podrán remitir a una frase que entonaba el gran Pau Donés con Jarabe de Palo, «qué bonito que te va cuando te va bonito».

Y sí, es cierto, la perspectiva se vuelve extremadamente optimisma cuando la dinámica es positiva, pero la afición valencianista no pedía éxitos asegurados y se pudo ver el pasado sábado en el último partido del año en Mestalla. Derrota 0-1 en un derbi frente al Villarreal y que también lucha por los puestos europeos, pero la grada despide al equipo con una atronadora ovación agradeciéndoles el enorme esfuerzo que hicieron por intentar igualar la contienda hasta el último segundo del encuentro. La suerte del fútbol es cambiante, pero es mucho más fácil atraerla cuando cambias las casualidades por las causalidades.

Pero no nos confundamos: la gente desea éxitos, es evidente. Sería hipócrita afirmar que estarías dispuesto a renunciar al dulce sabor del triunfo si te lo sirviesen en bandeja. Pero no los exige, simplemente pide un compromiso recíproco como el que ellos tienen con los jugadores que luchan hasta el final. Este año brindaremos con sidra por los tan merecidos logros que deben regresar a la capital del Túria.

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