Foto: AFP
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Dos recuerdos me vinieron a la mente después del escandaloso y redondo 4-0 que el Valencia le endosó al Sevilla. Dos momentos dolorosos que seguro que todos conocéis y que a día de hoy parecen una lejanísima pesadilla.

 

 

El primero tiene como protagonista a nuestro rival de hace tres días. Sí, estoy hablando de la durísima eliminación en semifinales de Europa League de la temporada 13/14. Tras haber conseguido una remontada heroica, M’Bia nos arrebataba el sueño de la final de Turín, que merecíamos sin lugar a dudas.

No podéis imaginar -o tal vez sí- las lágrimas que derramé aquella noche. Lágrimas de rabia, de injusticia, de impotencia. Lloré durante horas. Me afectó muchísimo y, a día de hoy, todavía me cuesta ver esas imágenes.

El segundo recuerdo que vino a mi cabeza es de hace menos de un año. El 9 de enero, un lunes fatídico, el Valencia de Voro empataba 3-3 contra uno de los peores Osasuna que ha disputado la Primera división.

Gol ché, empate. Segundo gol y otra vez tablas. Tercer tanto valencianista y… empate en el tiempo de descuento. La igualada nos dejaba en el puesto 16 y con el miedo en el cuerpo. Si no ganábamos ni al colista aun marcando 3 goles, ¿realmente merecíamos seguir en Primera?

Hoy en día las cosas han cambiado mucho. Somos segundos en Liga, sumamos 5 victorias seguidas y hemos firmado el mejor arranque de nuestra historia disputadas las primeras 9 jornadas de campeonato.

Reconozco que el Valencia me emociona mucho. Por eso también el sábado derramé alguna lágrima mientras veía las cabalgadas de Guedes, el carácter de Zaza, la clase de Carlos Soler o un apabullante 4-0 en el luminoso de Mestalla.

Tiene pinta de que esta temporada voy a llorar mucho. Pero de inmensa alegría.

#exprimelavida

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