Las mejores ideas para regalar
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       La frase que podéis apreciar en el título no es una directriz al uso, sino que se trata de la consigna más repetida en las interioridades del vestuario levantinista en el fervor de los últimos días. Los parones ligueros suelen ser acontecimientos muy poco celebrados por los clubes, que ven como otorgan un repentino frenazo a sus dinámicas y, en muchas ocasiones, les arrebatan a sus mejores integrantes. En este caso, sin embargo, el paréntesis internacional ha significado un bálsamo reparador para los propósitos de Juan Ramón López Muñiz, que ha recibido la interrupción de la actividad liguera como una oportunidad de oro para vaciar la enfermería de la Ciudad Deportiva de Buñol y, a su vez, resetear mentalmente a unos futbolistas que vieron cómo su reforzada moral tras un inicio liguero notable ha sido resquebrajada tras dos derrotas consecutivas.

Sería una obviedad afirmar con entereza que cualquiera que se lanza a la conquista de un objetivo es consciente que nunca vienen todas bien dadas, pero también lo sería decir que nadie en Orriols esperaba encajar una derrota tan contundente y humillante en el Benito Villamarín, no tanto por la categoría de un buen rival como el conjunto bético, sino por la nula oposición de unos futbolistas a los que parecía no responderles sus propias piernas. Sin embargo, el efecto de la derrota en Sevilla fue maximizado en la siguiente fecha, cuando se personó en el Ciutat de Valencia un Deportivo Alavés con la condición de farolillo rojo y con el casillero de puntos a cero, el cual, sin exhibir un brillante espectáculo técnico, consiguió regresar a Vitoria con sus tres primeros puntos en el estreno de su nuevo técnico con pasado granota, Gianni De Biasi.

En este turbio contexto es clave reforzar la figura de Juan Ramón López Muñiz, que cómo ha afirmado esta pasada semana el defensa madrileño Sergio Postigo en una entrevista concedida a la agencia EFE, “ es plano en ese sentido, no se alarma cuando las cosas no van por donde queremos y tampoco es euforia cuando las cosas salen bien. Es positivo porque nos transmite tranquilidad al equipo“. Clave es el hacer hincapié en esa tranquilidad, la que debe reinar en el seno de la plantilla granota en estas dos semanas de suspensión de la competición doméstica para entonar con firmeza la autocrítica, localizar los errores que se han cometido recientemente y trabajar para corregirlos con la convicción de que aún queda mucha tela por cortar en este curso recientemente inaugurado.

Por ello, bajo ningún concepto debe cundir el pánico pues ya que, cómo afirmó el técnico asturiano tras la derrota ante el conjunto vitoriano, “hay que volver a la línea y al camino que se marcó antes. Nadie dijo que iba a ser fácil. Cuando bajas el nivel, el rival te gana”. Un mal planteamiento, una errónea ejecución o la combinación de ambas no debe empañar las miradas de un equipo que había adquirido una capacidad competitiva encomiable, puntuando en todo un Santiago Bernábeu o plantando cara a su archienemigo geográfico en el derbi de la ciudad llegando a exhibir una fluidez futbolística y capacidad de sacrificio enormemente admirada y elogiada. A ello se le anexionaba una afición entregada totalmente a sus pupilos, conocedores de la alta dosis de compromiso para con el equipo en todo tipo de circunstancias y conscientes de la necesidad de forjar una alianza equipo-grada con la finalidad de convertir el Ciutat de Valencia en un terreno angosto para cualquier visitante.

Juan Ramón es consecuente con todo ello, sabedor de que el primer paso no te llevará a donde quieres ir pero sí te puede sacar de donde estás. No ha reducido ni un ápice de confianza en sus chicos y espera con plena motivación la visita del próximo viernes a Cornellá para demostrar que ´su´ Levante UD quiere volver a comenzar.

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