Foto: Lázaro de la Peña
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Hacía acto de presencia la noche en Valencia con el cometido de presenciar un partido de esos que, a pesar de no contar con la etiqueta de manjar selecto, suelen ofrecer un espectáculo gozoso de presenciar. Se enfrentaban en Mestalla dos de las propuestas futbolísticas más atractivas de la Liga Santander y que, sin embargo, llegaban al encuentro con unos precedentes cercanos totalmente dispares. El equipo local, el Valencia CF, buscaba una victoria para resarcirse tras la mala experiencia vivida en Getafe, donde la polémica sobre el mal estado del césped del Coliseum Alfonso Pérez y los pobres argumentos futbolísticos expuestos por el conjunto valencianista le hicieron encajar la primera derrota de la temporada. Por su parte el equipo visitante, a pesar de ese ambiente enrarecido de dudas que constantemente navega alrededor de la figura de Juan Carlos Unzué, venía de cosechar un meritorio empate en el campo del líder del campeonato, el FC Barcelona. Y, ajenos a estos condicionantes técnicos pero totalmente comprometidos con la causa, se encontraba una parroquia valencianista consciente de la necesidad de volcarse con su equipo, más aún tras el brillante inicio de competición y la imperiosa necesidad de evitar, a toda costa, caer en una dinámica negativa.

El partido se convirtió desde el pitido inicial en un ´toma y daca´ permanente, donde parecía que los dos equipos se habían propuesto rentabilizar el precio de la entrada de todo aquel aficionado que se propuso asistir al estadio para presenciar el encuentro. Arrancó mejor el RC Celta, pero pronto el conjunto de la capital del Túria asumió el timón del choque y logró adelantarse con un inapelable remate de cabeza de su cañonero particular, Simone Zaza, que cuajó una descomunal actuación tanto en parámetros técnicos como en ese esfuerzo incansable que tanto le caracteriza. A la vuelta del descanso, casi sin tiempo para que la totalidad de asistentes tomaran asiento, el conjunto vigués lograba el empate con Iago Aspas que fue un constante dolor de muelas para la zaga ´ché´. Sin embargo, tras una segunda mitad sin un dominador claro del escenario futbolístico, un polémico penalti de Pablo Hernández sobre Nacho Gil que se encargó de transformar el capitán Dani Parejo fue suficiente para que el conjunto de Marcelino García Toral cerrase con llave y candado los 3 puntos y regresase a la senda de la victoria.

Y gran parte de ´culpa´ la tuvo el técnico asturiano, que interpretó a las mil maravillas el contexto del partido tras el tanto del RC Celta y logró, con su toma de decisiones, metamorfosear a su equipo para propinarle al choque ese arreón final que les permitió vencer. En primer lugar sacó del terreno de juego a un discreto Carlos Soler y dio la alternativa a Nacho Gil, que agitó las transiciones del equipo y provocó el penalti que, a la postre, significó el tanto decisivo. Seguidamente sustituyó a Rodrigo Moreno por Santi Mina, que puso al servicio del equipo esa dosis de sacrificio físico que siempre expone y que, además, asistió a Nacho Gil en la jugada de la pena máxima. Finalmente, ya sin apenas tiempo de reacción, retiró a Andreas Pereira para dar minutos al serbio Nemanja Maksimovic, que ayudó a sostener el centro del campo valencianista en el tramo final.

Por si todos estos preceptos no fuesen suficientes Marcelino logró reanimar a la parroquía valencianista cuando el conjunto gallego, con empate en el marcador, amenazaba con anotar su segundo tanto. El asturiano entendió a la perfección lo que necesitaban ´sus´ chicos y, con los brazos levantados y una energía desbordada, logró encender los ánimos de una hinchada que llevó en volandas a su equipo hasta la victoria final. Así lo expresaba en la posterior conferencia de prensa, afirmando que quiero, deseo, pido, suplico que la afición apoye a su equipo. Es momento para disfrutar de estos jugadores. Somos jóvenes, ambiciosos, con ilusión, que lo da todo por ganar. En los momentos de dificultad ese apoyo nos sirvió para ganar

Orgulloso está Marcelino de esa conjunción equipo-afición a la que tan fácil es remitir pero tan compleja es de lograr. Y orgullosa está la afición de su técnico, que ha conseguido devolver la sonrisa y satisfacción a los rostro de todos aquellos aficionados que transitan por la Avenida de Suecia al término de cada encuentro y que, si la historia sigue así, no descartemos entonen proximamente el “Asturias, patria querida” en Mestalla.

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