Las mejores ideas para regalar
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      No hay mayor orgullo para un padre que ver cómo un hijo, al que ha visto crecer, consigue éxitos gracias a esas directrices que le ha ofrecido y que constituyen su enseñanza de vida; si llevásemos a cabo un símil en proporciones futbolísticas, el progenitor serían aquellos clubes que desean que sus ´herederos´ logren metas insospechadas, al mismo tiempo que esos jóvenes ambiciosos pero inexpertos que surgen de la cantera se tratarían de esos retoños que desarrollan sus capacidades, a veces con una paciencia latente y otras a velocidades altamente vertiginosas, con la clara intención de estimular el orgullo de sus mayores.

Sin embargo, la cuestión que nos acontece no son los mecanismos y entresijos del proceso evolutivo, sino más bien los tiempos que se deben seguir. Saltaban las alarmas en la disciplina valencianista, hace dos semanas, cuando clubes de alto prestigio europeo como FC Barcelona, Real Madrid o FC Bayern Múnich rastreaban con ahínco el entorno de Ferrán Torres, el joven extremo de 17 años que ha asumido de forma paulatina el ser una de las joyas más cotizadas de la academia de Paterna, llegando a estar dispuestos a depositar una clásula de rescisión que ascendía a 8 millones. Con gran celeridad, la Dirección Deportiva propinó un puñetazo contundente a la mesa y acordó con el representante del jugador valenciano una renovación que implicaba el ascenso de esa cláusula a 25 millones y la formalización de un contrato con el primer equipo nada más regresase del Mundial Sub-17 que se está disputando actualmente en la India.

Es evidente que la hoja de ruta que ha seguido el club valencianista, con Mateu Alemany a la cabeza, no constituía su prioridad en cuanto a actuaciones se refiere; no obstante, la amenaza de perder a uno de sus talentos más prometedores y las posibles consecuencias en forma de malestar entre la parroquia de Mestalla les ha llevado a tomar una decisión tan arriesgada como es la contundente evaporación de ciertas etapas en el progreso de Ferrán, que en menos de un año ha pasado de ser un juvenil con brillantes aptitudes a un integrante de pleno derecho en la plantilla de Marcelino García Toral.

Mientras unos han aplaudido esta apuesta, alegando que la calidad no entiende de procesos ni protecciones, otros han considerado que el someter al jugador a una presión tan elevada como es la élite, tras haber disputado solamente contados partidos en el VCF Mestalla, se trata de una categórica temeridad. Sea como fuere, lo que es evidente es que aunque el rebosar capacidades futbolísticas sea primordial para llegar (y mantenerse) en el máximo nivel, no es el único requisito exigible a un deportista índole: el saber convivir con las exigencias y los elogios de tus aficionados, las críticas de tus detractores, los éxitos embaucadores y los fracasos aplastantes. La fortaleza mental, tan infravalorada como incuestionable, que forma parte vital de este gremio y que, sin embargo, no goza de tanto arraigo en un chaval que se encuentra en plena formación académica, futbolística y personal.

Serán el paso del tiempo y los hechos los que otorgarán su veredicto sobre si realmente Ferrán consiguió domar las circunstancias adversas y confirmar todas las insaciables expectativas que se depositaron sobre él o, sin embargo, fue consumido lentamente por esa presión sin escrúpulos que intenta atraparte cuando pisas la excelencia.

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